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Alexander Lichner
Reportaje - 03/05/2017 - Por Marcel Barrera

Alexander Lichner tiene una de esas historias extraordinarias que solo se dan en el circo. No es un recién llegado al maravilloso y, para qué esconderlo, duro mundo del más difícil todavía. El circo está en su ADN desde hace cinco generaciones. Esta es su historia.

Su padre es Peter Lichner (nombre artístico Peter Tanton), un domador de cocodrilos y chimpancés de Jerez de la Frontera (Cádiz). Su madre se llama Nicola Bridge y era una expatinadora inglesa que formó parte del equipo olímpico pero que tuvo que retirarse por una lesión de rodilla. Nicola dio a luz a Lichner en el circo francés Lidia Zavatta, cuando la compañía estaba en París (Francia), un feliz 13 de febrero de 1994, hace 23 años.

Los parientes lejanos de Lichner vienen de las entrañas de la historia reciente del circo en  España. Su tía abuela era Renata Wolf. ¿Les suena? Fue la primera mujer de Ángel Cristo y su hermana Irene, la abuela de Lichner, eran las Tanton Sisters y estuvieron al pie del cañón del Circo Ruso durante la época dorada del mítico circo. Alexander Lichner viene de toda esta rica herencia. Quizás por eso ama el circo como pocos jóvenes y se le pone la piel de gallina —me enseña los brazos y me dice “mira, mira”— cuando piensa en el mundo circular, aquel circo que, me explica, le “salvó la vida” y le ayudó a superarse: “Siempre quería y pensaba en el circo y eso me hacía ir adelante, yo amo al circo”.

Debuta en el Quirós

Lichner debutó como trapecista en el Circo Quirós cuando solo tenía 15 años. Fue a parar allí porque su familia formaba parte del programa, pero su padre se puso gravemente enfermo y se quedó más tiempo de lo previsto. El Quirós, esa catedral del circo, adoptó a Lichner como a uno más de la familia —explica con orgullo— y se quedó hasta los 19 años. En el Quirós se ganó, además, una nueva vida, su vida. Allí conoció a Núria Torralbo Quirós, sobrina de los hermanos Luis y Ramón Quirós, con quien se ha casado y tienen una niña, Denise, de solo dos años.

La carrera de Lichner estos últimos años ha sido meteórica. Ha actuado en el Coliseum de Lisboa, en el Charles Knie de Alemania, en el Medrano de Francia... y durante los próximos meses estará en el Circus Maximum de Suecia. Lichner, que aunque nació en París tiene pasaporte español, tiene contratos a dos años vista y ha ganado recientemente el premio especial de la Federación Mundial de Circo en el 5° Festival New Generation de Montecarlo (2016) por su número de trapecio —se puede ver en el canal YouTube— y un premio Elefante de Plata en el 6° Festival Internacional de Circ Ciutat de Figueres (2017) por un nuevo número aéreo presentado junto a Donoban Rodríguez. Con este joven dominicano, que ha conocido en el Medrano, ha hecho tan buenas migas que no descarta hacer temporada con él en algún circo. Para el éxito de este número han sido importantes, explica Lichner, el apoyo y los consejos de Joan Mompart, asistente de dirección del festival; y Patrick Rosseel, regidor del espectáculo.

Equilibrios dentales, su especialidad

La especialidad de Lichner desde hace 9 años son los equilibrios dentales, una técnica “muy dolorosa”, explica, que ya practicaba su abuela Irene en los años 50, y el tío de su abuela, que hacía cosas tan increíbles como “coger un poni con la boca”, comenta ante de mi estupor. “Con los equilibrios dentales recibes mucha presión en la cabeza pero también mucha fuerza en el cuello y la columna”, explica. “Debes tener —añade—mucha confianza, apretar fuerte y controlarte las piernas para hacer contrapeso”. Es curioso lo de Licher, de cuerpo hercúleo, cara de buen chico y aspecto germánico, como buena parte de su familia. No tiene ningún miedo o, al menos, no lo transmite cuando habla de estas proezas dentales (quiere hacer un record Guinness aguantando 140 quilos) y en cambio se encoge, se corta, cuando ve la grabadora para la entrevista.

Lichner realiza un ejercicio excepcional. “Ahora mismo —comenta—hago en el trapecio un ejercicio que creo que no hace nadie en el mundo”. Desde 10 metros de altura se sostiene boca abajo, solo con los dientes y la mandíbula. Lo vio Urs Pilz, director artístico del festival de Montecarlo, en una de las actuaciones en el circo Royal de Suiza y no dudó en invitarle al festival de las jóvenes promesas New Generation. Pero Lichner, antes de actuar en Montecarlo, sufrió un percance doméstico en un pie que le dio algunos sustos durante el festival. Durante un ensayo la herida empezó a sangrar y la princesa Estefanía mandó que su chófer le llevara al hospital. En otra ocasión fue el famoso payaso Bello Nock quien, con su toalla blanca, le iba secando la sangre que le chorreaba pierna abajo “¿Quién me iba a decir a mí que Bello Nock me curaría?”, dice.

¿El circo? Morir o renovarse

¿Y el futuro? Pues dice lo que piensan muchos, que al circo le falta una profunda renovación y que habrá muchos cambios los próximos años. “Veo que el circo se va muriendo poco a poco y que quedarán los seis o siete circos que se hayan podido renovar. Y si sacan los animales aún es más difícil porque mucha gente viene por ellos”. Él tiene pasión por el circo, pero no observa entre los jóvenes un relevo generacional: “Les falta creatividad y también pasión por el circo —dice—. Deberían ver los vídeos antiguos de las cosas bestias y sacarlas, es lo que hacen ahora los que están triunfando”.

(Artículo publicado en el número 52 de la revista Zirkólika).

 

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