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Montecarlo 2019
Reportaje - 15/05/2019 - Xin Yunwei, de la Compañía Nacional de China

Marcel Barrera - Montecarlo. El Festival Internacional de Circo de Montecarlo ha vuelto a demostrar el enorme atractivo del circo tradicional a pesar de la crisis que sacude este modelo en Europa por la desafección del público, las prohibiciones y las campañas animalistas. Pero paradójicamente, en un contexto totalmente adverso, el gran protagonista ha sido el domador inglés Martin Lacey Junior, que causó emoción con un número excepcional de fieras que renueva el género.

Cuando el nivel artístico es muy alto y han pasado 43 años, superarse tiene que ser muy complicado. Además, mantener un festival como el de Montecarlo en un contexto de dura crisis para el circo tradicional tiene un gran mérito, sobre todo porque, en lugar de ir de capa caída, el festival aguanta bien el contexto adverso, con una ambición que se ha convertido en rutina. Hacer una edición extraordinaria tiene mérito, pero el auténtico mérito es hacerlo cada año como lo hace Montecarlo. En un año en el que ha aumentado el número de funciones, se ha vuelto a igualar o incluso a superar la extraordinaria edición del año pasado. En un contexto difícil para el circo tradicional, amenazado desde muchos flancos, es destacable el papel de este festival en Europa. De ahí el premio que la Federación Mundial del Circo ha decidido entregar este año a la administración del festival y especialmente a Corinne Paolini. 

Martin Lacey Junior

La edición número 43 quedará en la memoria por la actuación del domador inglés Martin Lacey Junior. Muchos pronostican el fin del circo con animales, pero este año hemos visto dos números de doma de fieras conmovedores que representan un antes y un después en esta disciplina y que catapultan a Martin Lacey Junior como uno de los mejores domadores de la historia. El artista presentó dos números diferentes, los dos animados por una banda de 14 músicos. Uno de ellos ha batido un récord absoluto. Con 26 animales en la pista, es el número con más fieras que jamás se ha visto en un circo, aunque en 2011 hizo unas pruebas en Valencia en el desaparecido Circo Mundial. Concebido como una ópera, el número dura 20 minutos y tiene momentos espectaculares como cuando consigue que 6 leones blancos, 5 leonas blancas, otros 3 leones y 10 leonas, el tigre blanco Zhomart y la tigresa India se mantengan en debout (de pie)

Lacey presentó un segundo número que aunque suene increíble es muy actual y, sin duda, renueva el género. El artista aparece con las manos libres para acariciar tigres y leones con afecto y complicidad, con una seguridad desbordante. Los leones se le echan encima. No es supremacismo ni antropocentrismo, no es docilidad artificial. Parece una relación auténtica. El número no oculta que son animales salvajes. Algunos tigres y leones corren enérgicos por la reja de la pista, otros se enfrentan a Lacey hasta que se hacen amigos con él. Pero el número también muestra una relación de naturalidad que pone la piel de gallina, impresiona y regala un momento supremo de circo.

En los números de fieras es habitual que los animales salgan de uno en uno y el domador salude triunfalmente. Siempre lo habíamos visto así. Con Lacey Junior los roles cambian y el hombre y los animales están en un plano de igualdad. Al final del número, hombre y animal salen lentamente y se pierden por el fondo de la entrada de artistas en uno de los momentos más emocionantes que recuerdo en un circo. Inconmensurable. Martin Lacey recibió el anuncio de su segundo premio Clown de Oro —el primero lo consiguió en 2014— y también, en un gesto insólito del jurado, de un premio extraordinario, con un estallido de alegría. Se abrazó efusivamente a su hermano, el también domador Alexander Lacey, y al numeroso equipo que lo acompañaba en la cena de gala que se celebró en el hotel Fairmont Montecarlo.  

Lujosos trajes de Gia Erazde

El segundo Clown de Oro fue para el conjunto de presentaciones del Royal Circus de Gia Erazde. Rusia, donde el circo parece que pase por un mejor momento que en Europa, participó este año con el mayor número de artistas de la historia de Mónaco. Participaron 68 personas, incluyendo 24 bailarines del Grand Ballet, que presentó unos brillantes vestuarios circenses, por un lado, y otros que ensalzan la cultura rusa, todos ellos espectaculares y lujosos. Además, también realizaron un increíble número colectivo de transformismo —en homenaje a los huevos Fabergé— que dejó al público con la boca abierta.

A nivel acrobático destacaría los dos números que han desplazado al aire técnicas tradicionalmente de suelo. La compañía rusa Aliev (Clown de Plata) presentó, entre otros, un espectacular aparato elástico que sube y baja durante la actuación y permite montar una barra rusa a unos ocho metros de altura. También fue muy impresionante la actuación del Duo Just 2 Men. En las cintas aéreas, Lyubanevych y Shakirov presentaron, entre otras proezas en el aire, un equilibrio de una mano sobre la cabeza del portor, que estaba colocado en espagat.

Los payasos, este oficio tan difícil de lucir en Montecarlo, ha superado con nota esta edición. Actuaron tres grupos. Without Socks, un trio ruso fundado en 2014, presentó una divertidísima entrada que gira alrededor de una fotografía imposible y también hubo espacio para los payasos tradicionales, sorprendentemente ausentes en pasadas ediciones del festival. Los payasos ingleses Flips & Beau presentaron una versión muy alocada y nada contenida de la entrada del agua, y finalmente el tercer cómico fue el portugués Cesar Dias, que en una de sus entradas intenta superar mil obstáculos para cantar My way, de Frank Sinatra, y en otra toca maravillosamente la sierra con un colgador de ropa.

El programa también incluyó dos números de bisontes y burros presentados por el alemán Marcel Kramer, y dos espectaculares números de elefantes a cargo de las nuevas generaciones de la familia Gärtner, que ganaron uno de los seis Clowns de Bronce pocos meses después del desgraciado accidente de tráfico que sufrieron con el Circo Gottani y que causó la muerte de un elefante en la carretera. Este año también ha sido el del retorno del magnifico malabarista checo Alan Sulc, que actuó por primera vez en el año 2004, cuando solo tenía 14 años, y ganó un Clown de Bronce, lo que le valió ser considerado como un niño prodigio. Este año Alan Sulc ha vuelto con el magnífico y frenético número que combina el movimiento con los pies y los malabares de rebote. Seguramente no tuvo premio porque, desgraciadamente, falló hasta cinco veces en su intento de conseguir 10 pelotas de rebote en una de las funciones de competición.

Los espectadores también vibraron con Yuri Volodchenkov, uno de los pocos jinetes que salta a la cuerda con su caballo. Perfectas cabriolas y mucho sentimiento para un número que, como muchos otros que se vieron en Montecarlo, forma parte del espectáculo Baronets del Royal Circus de Moscú. La adrenalina subió también con el número de djiguites del Royal Circus que ejecutan ocho mujeres que hacen rotaciones alrededor del cuello, recogen el pañuelo mientras galopan e incluso pasan audazmente por debajo del vientre del caballo.

En esta fiesta de la proeza también destacaron la compañía rusa Filinov (doble columpio); el cuarteto acrobático Prilepin, que presentó su sensacional número de equilibrios inspirado en la canción Yesterday de The Beatles —que ya se vio en el festival Elefante de Oro hace dos años—, la Compañía Acrobática Nacional de China o los Hermanos Dias, entre muchos otros números de primer nivel. El nuevo circo también tuvo presencia destacada con la actuación de 3J, un trío de malabaristas ucranianos que convierten el número en una performance agradable, armónica y diferente.

En total, participaron más de 150 artistas de 15 países. Mónaco sigue tratando el circo como un arte de primer nivel y dignificando un espectáculo que disfruta del respeto y la protección que se merece.  

(Artículo publicado en el número 59 de la revista Zirkòlika. El festival se celebró entre el 17 y el 27 de enero).

 

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