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Una joya de zapatera
Reportaje - 20/03/2020 - Lila Gordillo acabando unos nuevos zapatos de payasa. Foto: Marina Suleymanova.

Marina Suleymanova. Lila Gordillo empezó su carrera estudiando joyería y estuvo siete años trabajando como joyera, hasta que un día vio un reportaje en un periódico que hablaba de Pitu Cunillera, un zapatero de Barcelona. “La zapatería siempre me había llamado la atención, pero no sabía dónde aprender este oficio”, cuenta Lila. Cuando fue a conocer a Pitu Cunillera, aquel zapatero del periódico le dijo que podría ser su maestro. Y así empezaron las clases.

Josep Cunillera, a quien todo el mundo conoce como ‘Pitu’, le impartía las clases de montaje, y Carlos Piñol le enseñó el patronaje. Los dos maestros son unos referentes en la zapatería artesanal de Barcelona. Con ellos Lila aprendió los fundamentos de este arte y oficio. “Mis primeros zapatos eran de diferentes colores y me gustaban muchísimo. Los hice para mí y los llevé durante muchos años”, sonríe la artesana. Combinar colores y encontrar pieles es lo que más le gusta a Lila. La cosa que más le costó fue encontrar una horma que personalizase su estilo. La horma es una pieza de madera que da la forma al zapato y cada zapatero la tiene que adoptar a su manera. “Sobre todo, la forma de la puntera”, precisa Lila.

A la hora de pensar a quién le podrían llamar la atención los zapatos peculiares y de muchos colores que hacía, la respuesta surgió de manera natural. Inconscientemente, sin pensarlo ni buscarlo, Lila se dirigió hacia el circo. “Además, mi maestro Pitu Cunillera hizo unos zapatos para Pepa Plana y cuando me explicó su historia y me los enseñó flipé bastante”, recuerda. Lila empezó sus clases de calzado en el año 2009, y entre los primeros 10 pares de zapatos ya había unos de payasa. Hasta el día de hoy, la artesana no ha dejado de pulir y perfeccionar la técnica de creación de su ideal de zapato clownesco.

Especializarse en la creación de calzado circense no era buscar el camino fácil. Es un tipo de zapato bastante complicado cuya elaboración tarda unos 8-9 días y requiere una dedicación absoluta y un esfuerzo considerable. Hasta encontrar su estilo realizó bastantes pruebas de cómo hacerlo técnicamente. “Mi estilo es lo que tengo en la cabeza y punto. Hay zapateros que me dicen ‘hazlo más sencillo’, pero no es lo que busco. Imaginar un zapato y llegar a tenerlo en mis manos tal como lo he pensado es una gozada”, explica. Lila trabaja con pieles naturales y suele utilizar piel de vacuno para el exterior y piel caprina para el interior. “Soy un poquito pija respecto a los materiales. La zapatería es mi hobby y compro pieles bastante buenas”, añade la artista.

Trabajando de zapatera, Lila impartía las clases de calzado en ESDI (Escola Superior de Disseny); luego vivió tres años en Andalucía, donde mantuvo su taller y siguió su búsqueda. Al final llegó a la decisión de que el zapato clásico no le llama, aunque reconoce el esfuerzo que hay detrás de cada par de zapatos hechos a mano. Hoy en día, Lila apuesta por las formas sorprendentes y un poco exageradas. Además, la zapatera encontró su motivación e hizo los zapatos para cable y trapecio. “Quiero también ser útil, hacer algo que pueda necesitar la gente. Creo que he encontrado un patrón para estos zapatos que está bastante bien y estoy muy contenta”, afirma.

El taller de Lila, formado únicamente por las herramientas manuales, se encuentra en Sabadell (Barcelona), lugar de nacimiento y residencia de la artista. Desde que la zapatera empezó su carrera ya ha realizado más de cien pares de calzados diferentes (sin contar las sandalias).

Sus zapatos de payasa, cable y trapecio se pueden comprar en Papallona Circus Arts Shop en Barcelona. (Avenida Francesc Cambó, 30-36).

(Artículo publicado en el número 62 de la revista Zirkólika). Puedes suscribirte a la revista aquí.

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