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Karl Stets: El hombre que lo quería todo
Reportaje - 15/05/2020 - Artista multi instrumentista que reivindica la tradición frente a la tecnología. © Jack Gottardi

Neus Molina. Cuando le preguntas al artista Karl quién es el Señor Stets, la respuesta que te da sin un gramo de duda es “el Señor Stets soy yo”. De artista de circo a hombre-orquesta, lo cierto es que este danés, residente en Barcelona desde hace más de veinte años, ha recuperado una disciplina que parecía casi extinta bajo capas y capas de circo posmoderno. Pero, en un mundo donde impera el multitasking, ¿puede haber nada más contemporáneo que un hombre-orquesta?

Un hombre-orquesta es un músico que toca varios instrumentos musicales a la vez usando sus manos, pies, varias partes del cuerpo y varios aparatos mecánicos. En España, según Stets, quedan sólo cuatro, una tradición que perdura en otros lugares más dados al do it yourself como La Habana. Cuba, conocida como la Isla de la Música, aglutina en su diminuta extensión una gran diversidad de géneros musicales. De la salsa y Compay Segundo, al amor a la música de ‘un pueblo que vive y ama los sonidos y los instrumentos artesanales, sin florituras. Quizá por eso, mientras en las grandes ciudades del mundo hay músicos callejeros, en los pueblos de Cuba hay hombres-orquesta. Notorias son las actuaciones de ‘Luisito de Cienfuegos’, también conocido como La Bomba, además de ‘Benancio, el Hombre Orquesta Cubano’ y ‘El Hombre Orquesta de la Calle Mercaderes’.

El tipo de hombre-orquesta más simple es un cantante acompañado de una guitarra acústica y una armónica montada en una estructura metálica bajo la boca, a menudo usada por músicos de country o por el mismo Bob Dylan. Un hombre (o mujer)-orquesta también es, metafóricamente hablando, la persona que realiza varias tareas al mismo tiempo, y como si se tratara de un pulpo con mil tentáculos, hace y deshace.

Nuevo espectáculo: ‘Lonely Orkestar’

La última propuesta del Señor Stets, que vuelve ahora al Antic Teatre (Barcelona), lleva por título Lonely Orkestar, un homenaje a aquellos juglares daneses que eran capaces de accionar diferentes instrumentos sin despeinarse, creando melodías que eran la delicia de las cortesanas y cortesanos. El señor Stets es una mezcla de trovador y Mister Tambourine Man, que solo en el escenario construye un imaginario visual pero también sonoro, donde un músico entra, se viste y se carga de instrumentos. Un artista multi instrumentista que reivindica la tradición frente a la tecnología que nos rodea y que nos aleja cada vez más de la cosa real y tangible. Stets explica que en el espectáculo Lonely Orkestar “no pretendo criticar a nadie, sino que más bien es una invitación a entrar en mi mundo”. “En una época en que todos tenemos acceso a una tecnología increíble —añade— me gusta apostar por lo rústico e imperfecto.”

A diferencia de su último montaje, Cuerdo, el señor Stets abandona un poco el circo para amar la música, aquel amor oculto que, según el artista, siempre quedaba en un segundo plano. “En la música —comenta— siempre la tuve como amante, primero estaban las técnicas de circo. Cuando cumplí cuarenta años, me fui con la amante. Cambié el circo por la trompeta.”

Y con la música como compañera de viaje, Lonely habla de la soledad del hombre orquesta y también del tiempo, de la calma y la lentitud ante un mundo que no para de correr. El montaje creado con espacio y tiempo, combina muchas técnicas. Desde los grandes clásicos del jazz, a folklores variados y temas propios, con “maltrato” el autor ha representado un personaje que, como los primeros hombres-orquesta, está obsesionado por tocarlo todo a la vez. Una lucha por el control, un control imposible que acabará en una lucha fratricida entre artista e instrumentos.

Trayectoria de 25 años

Karl Stets hace más de 25 años que se dedica a los espectáculos de circo, principalmente como artista y director. Este danés de cuarenta años, que comenzó su trabajo circense como funambulista de cuerda floja, se define a sí mismo como “perfeccionista de lo absurdo”, que busca el camino más complicado para realizar cosas muy simples.

Tras haber formado parte de Circus Cirkor en Suecia, empezó a recorrer el sur de Europa. Primero con la compañía False Majeure y posteriormente con Lice de Luxe, con la que se instaló en Barcelona. Ha colaborado con diferentes artistas como Manolo Alcántara con el espectáculo Pliegos y Leandre Ribera con el espectáculo Rodó. Hace diez años comenzó su solo Cuerdo, con el que giró intensamente por diferentes ciudades europeas. Ha tocado con las bandas Gadjo, Always Drinking Marchin Band y los Buzan Dukes.

La diferencia entra Cuerdo y Lonely es el paso del tiempo. “Cuerdo era la esencia de mi trabajo y mis inquietudes artísticas hace diez años. Ahora seguramente habría salido todo diferente”. Un espectáculo claramente de circo que se pudo ver el año 2017 en el Trapezi de Reus y que desarrollaba trucos y miradas a través de una cuerda para hacer malabares “que se comporta como si fuera una víbora, un pez que va cobrando vida, o ratas protagonistas de extraños números de circo.” Con estos y otros elementos propios del circo, la danza, la manipulación de objetos y las marionetas, Karl Stets conducía al público por un espectáculo que combinaba el juego ligero del payaso con la tensión de una película de terror.

Lonely, al igual que Cuerdo, es un espectáculo hecho con la parsimonia de los años, que invita al espectador a entrar en su mundo; un mundo de juego, de movimientos y lleno de sorpresas con la sencillez como motor. La cuerda que lo inspiró y con la que durante años ha ido desarrollando numerosos juegos, desde el universo del titiritero hasta el del malabarista, deja paso a la música, un amor que aflora, ahora sí, sin freno.

(Reportaje publicado en el número 64 de la revista Zirkólika). 

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